El sarampión; ¿Qué es?, ¿Cómo se contagia? y ¿Cómo prevenirlo?

El sarampión reaparece: la enfermedad que México no puede darse el lujo de olvidar
Mientras el país se concentra en otros temas de salud, especialistas advierten que el sarampión —una de las enfermedades más contagiosas conocidas— podría volver a encender focos rojos si bajan las coberturas de vacunación. No se trata de un simple “rash infantil”: es un virus capaz de causar neumonía, daños neurológicos e incluso la muerte, especialmente en niñas y niños pequeños.

Qué es el sarampión y por qué sigue siendo noticia

El sarampión es una infección viral aguda que ataca principalmente el sistema respiratorio y el sistema inmunológico. Arranca como un cuadro que podría confundirse con una gripe fuerte: fiebre alta, tos, escurrimiento nasal, ojos rojos e irritados. Días después aparece la erupción característica, que inicia en la cara y se extiende al resto del cuerpo. Lejos de ser “inofensivo”, puede derivar en neumonía, encefalitis y complicaciones que dejan secuelas permanentes o resultan mortales.

Organismos internacionales recuerdan que, aunque el mundo cuenta con una vacuna eficaz desde hace décadas, cuando las coberturas bajan la enfermedad regresa en forma de brotes. En la mira están los menores no vacunados, personas con desnutrición o con defensas bajas, quienes pagan el costo más alto de esos descuidos.

 

Cómo se contagia: un virus que aprovecha cualquier descuido

El sarampión se transmite por el aire a través de gotitas respiratorias que expulsa una persona infectada al toser, estornudar o incluso hablar. Estas partículas pueden permanecer suspendidas en espacios cerrados durante varios minutos, por lo que compartir la misma habitación —aunque sea por poco tiempo— puede ser suficiente para contagiarse. El virus también puede llegar a otra persona mediante el contacto con secreciones nasales o de la garganta, o con superficies contaminadas que luego se tocan con las manos en ojos, nariz o boca.

Su capacidad de propagación impresiona a los expertos: más de 9 de cada 10 personas sin protección (sin vacuna ni infección previa) se contagian si conviven con un caso. Además, el enfermo puede transmitir el virus desde unos cuatro días antes de que aparezca la erupción y hasta cuatro días después, lo que complica la detección temprana de cadenas de contagio.

Cómo se previene: vacuna, responsabilidad y acción

La principal barrera contra el sarampión es la vacuna triple viral (SRP), que protege contra sarampión, paperas y rubéola. Estudios internacionales coinciden en que dos dosis correctamente aplicadas ofrecen una protección cercana o superior al 95%, lo que convierte a esta vacuna en una de las más efectivas en salud pública. Por ello, las autoridades sanitarias recomiendan que todas las niñas y niños reciban el esquema completo, y que adolescentes y adultos que no están seguros de haber sido vacunados consulten a su médico para ponerse al día.

La prevención no termina en la cartilla: ante un caso sospechoso, se pide no acudir a la escuela, trabajo ni espacios concurridos, y acudir de inmediato a una valoración médica. En hospitales y clínicas, se aplican medidas estrictas de aislamiento y protección respiratoria para evitar contagios al interior de los servicios de salud. A nivel comunitario, la notificación oportuna de casos permite activar campañas focalizadas de vacunación para cortar los brotes antes de que se salgan de control.

 

Mitos, redes sociales y el costo de creer en información falsa

En la era digital, el sarampión no solo se propaga por el aire, también se mueve en forma de desinformación. Circulan mensajes que aseguran que “la vacuna no sirve”, que “debilita el sistema inmune” o que “causa autismo”, pese a que estos dichos han sido desmentidos repetidamente por estudios científicos y organismos de salud. Revisiones exhaustivas muestran que la vacuna es segura y que los beneficios superan por mucho a los posibles efectos secundarios, mientras que el supuesto vínculo con el autismo carece de sustento.

El problema es que estos mitos se viralizan más rápido que la evidencia y erosionan la confianza de las familias, lo que se traduce en menos niños vacunados y más riesgo de brotes. Expertos advierten que cuando las coberturas caen por debajo de alrededor del 95%, el virus encuentra el escenario perfecto para regresar. No es que el sarampión haya “mutado” para volverse imparable: somos nosotros quienes le abrimos la puerta al dejar de vacunarnos.

Recomendaciones

En un tema donde abundan las opiniones, los datos importan. Revisar la cartilla de vacunación de la familia, confirmar el esquema con personal de salud y recurrir a fuentes oficiales —como organismos internacionales y autoridades sanitarias— son pasos concretos que cualquier persona puede dar desde hoy. Cada dosis aplicada protege no solo a quien la recibe, sino también a bebés demasiado pequeños para vacunarse, personas con enfermedades graves y otros grupos vulnerables que dependen de la protección colectiva.

La conversación sobre el sarampión no termina aquí: detrás de cada cifra hay historias, familias y decisiones cotidianas. En un momento en que la desinformación compite por nuestra atención, mantenernos informados y actuar con responsabilidad puede ser la diferencia entre un brote aislado y una crisis que México ya sabe —por experiencia propia— que es mejor evitar.